La ceremonia del IV Premio de Investigación Internacional Juan Bermudo, celebrada en Sevilla, ha galardonado a Elvira Simancas Fernández por su obra sobre el minimalismo y la música experimental en España. El evento destacó por la reivindicación de los compositores periféricos de los años 70 y 80, consolidando este premio como un referente en la musicología científica actual.
Una cita con la excelencia en el Conservatorio de Sevilla
Como editorial volcada en la recuperación del patrimonio musical, en Libargo tuvimos el privilegio de asistir el pasado 18 de noviembre a la entrega del IV Premio de Investigación Internacional Juan Bermudo. El acto tuvo lugar en el emblemático Conservatorio Superior de Música de Sevilla, un marco inmejorable para celebrar el rigor científico.
La ceremonia contó con la presencia de Miguel López Fernández, catedrático del conservatorio, quien hizo entrega del galardón, Mercedes Sánchez Lucena, jefa de estudios del CSM de Sevilla y Carlos Pérez-Embid Wamba presidente de FUNDECA, reforzando el apoyo institucional a la labor investigadora.
“Lo mínimo y lo posible”: un discurso necesario
La premiada, Elvira Simancas Fernández, emocionó a los asistentes con una intervención que fue más allá del agradecimiento. Su trabajo, titulado Lo mínimo y lo posible. Minimalismo y música experimental en España, pone el foco en una generación que construyó vanguardia desde la precariedad absoluta.
Simancas destacó puntos clave que definen su investigación:
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Minimalismo de guerrilla: a diferencia del modelo neoyorquino de Philip Glass, el español nació en plazas e iglesias, lejos de las instituciones.
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La voz como recurso: la falta de presupuesto para orquestas derivó en una experimentación vocal radical y única en Europa.
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Un arte político: una música que «saltaba el foso» para mezclarse con la vida cotidiana y la protesta social.
«Acercarse a esta generación no sólo es un ejercicio de recuperación histórica, sino también una fuente de inspiración para pensar otras formas posibles de hacer música hoy», afirmó Simancas durante el acto.
Más que un galardón: apoyo a la nueva investigación
El evento también sirvió para reafirmar el compromiso del certamen con el futuro de la disciplina. Se otorgó la ayuda a la investigación a Rocío Cabello Villagrán, cuya labor seguirá ensanchando los márgenes de nuestro conocimiento musical.
Para cerrar la jornada, el pianista Francisco Javier Loma Gómez ofreció un recital con obras de Beethoven y Chopin, recordándonos que la investigación y la interpretación son dos caras de la misma moneda cultural.
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Compartimos el discurso íntegro de Elvira Simancas
Lo mínimo y lo posible: el minimalismo español en su contexto
El minimalismo español es un fenómeno muy particular y se parece poco al minimalismo neoyorquino más conocido, representado por figuras como Philip Glass o Steve Reich. Esta diferencia se debe en gran parte a la situación excepcional que vivía España y al panorama musical existente durante la década de los setenta.
En Lo mínimo y lo posible se aborda un grupo de compositores que llegaron después de la llamada Generación del 51, representada por figuras como Luis de Pablo o Cristóbal Halffter. Esta generación precedente había mantenido una relación compleja con el régimen franquista: no exenta de tensiones, pero sí marcada por una cierta colaboración en un momento en que el régimen iniciaba un proceso de aperturismo y utilizaba a estas figuras de la vanguardia como forma de equiparación con sus homólogos europeos. Como consecuencia, estos compositores estuvieron fuertemente asentados en las instituciones musicales.
Los minimalistas españoles, que llegaron justo después y planteaban propuestas muy distintas y poco ortodoxas, nunca encontraron un lugar real en dichas instituciones. Por el contrario, desarrollaron su actividad en salones de actos, iglesias de pueblos, plazas y espacios públicos, generalmente a través de asociaciones que dependían de una economía extremadamente precaria. De hecho, ese fue uno de los motivos por los que muchas de ellas acabaron desapareciendo. Para hacernos una idea, el colectivo Actum, que es quizá el más importante en el ámbito de la música minimalista en España, relataba en un artículo de 1978 que estaban a la espera de un pago de la Caja de Ahorros de Valencia de 45.000 pesetas para poder financiar su actividad durante los meses siguientes. La precariedad era absoluta.
En aquel momento, esta música no llegó a trascender a las instituciones musicales de referencia. En la mayoría de los casos, la actividad musical jamás terminó por profesionalizarse, lo que ha convertido su investigación en una tarea especialmente compleja. Basta revisar la prensa especializada de la época para comprobar la enorme cantidad de asociaciones, grupos y compositores activos en el ámbito de la música experimental, especialmente en los años ochenta, y observar cómo muchos nombres, recurrentes y claramente implicados en la escena, desaparecen por completo de la crónica con el paso del tiempo, dejando los hilos de investigación abruptamente cortados.
Esto se explica por qué muchos de estos músicos nunca llegaron a profesionalizarse y, a partir de la década de los noventa, acabaron dedicándose a otras profesiones. Han sido muy pocos los que lograron continuar desarrollando su actividad musical de manera sostenida. Y es una pena, porque esta generación mantuvo viva la escena de la música experimental española de la que todavía bebemos hoy. Fueron profundamente influyentes y lograron hacer posible, prácticamente desde la nada, una red de prácticas y espacios alternativos. El título del libro, Lo mínimo y lo posible, alude precisamente a ese impulso: a la capacidad de construir estructuras en los márgenes con recursos mínimos, pero suficientes para sostener una actividad creativa fértil.
Desde el punto de vista musical y sonoro, el minimalismo español es multiforme por definición; no es casual que Llorenç Barber (2003) hable más de “minimalismos” en plural. Resulta difícil establecer una definición estilística fija, aunque sí existe un rasgo común fundamental: la falta de medios terminó definiendo tanto el sonido como la idiosincrasia de este minimalismo, dotándolo de un carácter profundamente singular.
El ejemplo más claro es la proliferación de la experimentación vocal en estos círculos. La razón es sencilla: la voz era el instrumento más asequible y económico. Si estos compositores hubieran tenido acceso a orquestas profesionales, probablemente habría existido un minimalismo sinfónico similar al anglosajón. Sin embargo, difícilmente se habrían desarrollado tantas obras que exploran la voz como instrumento de maneras tan diversas y radicales, fruto precisamente de esa limitación material.
Además, se trató de un minimalismo más sensible al entorno y más político que el estadounidense. Se enfatizó la idea de que la música debía estar arraigada al espacio y al contexto social. Un ejemplo paradigmático son los conciertos de campanas de Llorenç Barber, en los que se involucra a toda la ciudad, que se convierte en un instrumento colectivo a través de sus campanarios.
Como cierre, resulta especialmente elocuente el siguiente texto publicado por Actum en el programa de mano de uno de sus conciertos en el año 1978:
La música para Actum no es una mercancía que vender ni una forma de imponerse fáusticamente ante ciudadanos atónitos. La música para Actum es, a la vez, un acto festivo del cuerpo y una autocomplacencia que reivindica el placer para todos, sin exclusiones de clase, raza o nación. […] y Acto que reivindica la vida. Acto que sale de la claustrofóbica sala de conciertos (panteón sonoro burgués), salta el foso, quita la mordaza al espectador y se va con él de paseo por la ciudad.
En el ámbito de la música académica, los músicos clásicos tenemos aún mucho que aprender de esta capacidad de organización y autogestión. Acercarse a este estilo y a esta generación no solo es un ejercicio de recuperación histórica, sino también una fuente de inspiración para pensar otras formas posibles de hacer música hoy.
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Lo mínimo y lo posible de Elvira Simancas Fernández está disponible en nuestra tienda oficial Libargo
La entrega de este premio no es solo un evento social; es un acto de justicia histórica para la música experimental española. En Libargo seguimos trabajando para que investigaciones vitales como la de Elvira Simancas lleguen a las manos de quienes aman y estudian la música.
- Director de Libargo editorial y coordinador de proyectos editoriales desde 2013.
- Titulado Superior por el Real Conservatorio Superior de Música de Granada, con formación en gestión y diseño editorial (Universidad de Sevilla, 2018).
- Especializado en la edición de libros de investigación en artes escénicas, con un enfoque basado en el rigor y la calidad.

